Este acuerdo histórico consagró la forma federal de gobierno, dispuso la reunión de un Congreso Constituyente en Santa Fe e integra los "Pactos Preexistentes" a los cuales se refiere el preámbulo de nuestra Constitución.
Luego de la batalla de Caseros, nadie podía disputarle al General Justo José de Urquiza el protagonismo del nuevo país, ni negarle la etapa más difícil de su labor: echar las bases de la organización nacional.
Quizá la diversidad del desarrollo económico de las distintas regiones del país fuera el obstáculo más grave para la tarea de unificación, a causa de la desproporción económica entre Buenos Aires, el litoral y el interior, concentrando la primera la principal fuente de recursos: el puerto y la aduana.
Instalado en la residencia de Palermo, designó a Vicente López y Planes gobernador interino de la provincia de Buenos Aires y convocó a elecciones para la legislatura. Procurando reconciliar intereses y en pos de la reorganización, propuso reeditar el pacto federal de enero de 1831 que debía completarse con el llamado a un congreso federativo que le diera forma. Sobre esas bases se hizo cargo de las relaciones exteriores y convocó a los gobernadores. La cita se concretaría en la ciudad de San Nicolás de los Arroyos, el 20 de mayo de 1852.
La inauguración oficial tuvo lugar el día 29 y estuvieron representadas 11 provincias: Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, San Luis, Mendoza, San Juan, Catamarca, La Rioja, Tucumán, Santiago del Estero. En tanto, los gobernadores de Córdoba, Salta y Jujuy, llegaron con retraso. Finalmente, el 31 de mayo, concluyeron los debates y los gobernadores firmaron lo que se conoció como el Acuerdo de San Nicolás, donde se declaraba ley fundamental el Pacto Federal de 1831, dispone la reunión a un Congreso Constituyente, consagra la forma federal de gobierno, cuya expresión económica era la libertad de comercio en todo el territorio, la libre navegación de los ríos y la distribución proporcional de las rentas nacionales. Se nombraba a Justo José de Urquiza director provisorio de la Confederación Argentina, con manejo de las relaciones exteriores y el ejército, la paz en las fronteras y reglamentación de navegación en ríos.
Las cláusulas económicas y la igualdad de la representación originaron la resistencia de los porteños: Adolfo Alsina, Bartolomé Mitre y Dalmacio Vélez Sarsfield, rechazaron el acuerdo. Meses más tarde, restauradas las antiguas autoridades provinciales, se declaró nulo el Acuerdo de San Nicolás y autónoma la provincia de Buenos Aires. La Confederación por una parte y el Estado de Buenos Aires por otra comenzaron a organizar su vida institucional.
El 1° de mayo de 1853 fue aprobada la Constitución Nacional y el 9 de julio jurada por todas las provincias, excepto la de Buenos Aires, hecho que consumaría su secesión.
Si de características tiene la historia, la posibilidad de saber cómo terminaron algunos hechos es una de las más importantes. Las provincias se reorganizarían sin Buenos Aires y tendrían que transcurrir diez años más para que la nación comenzara su organización definitiva, nada cambiaria, sin lugar a dudas, la mención de dicho Acuerdo histórico que integra los “Pactos Preexistentes” a los cuales refiere el Preámbulo de nuestra Constitución Nacional.